GLOBALIZACIÓN DE LA INTELIGENCIA
Desde los atentados del triste 7 de julio de 2005 en Londres, los servicios de inteligencia y policiales británicos han efectuado numerosas detenciones, evitando así le ejecución de un considerable número de atentados yihadistas. Solo en lo que va de 2017, los servicios de seguridad británicos han frustrado 18 atentados, pero desgraciadamente, la acción de un “lobo solitario” con “armas legales” como son un coche alquilado y un cuchillo de cocina, es muy difícilmente detectable. Si el terrorista, de nacionalidad británica, no comete previamente un error que le delate, llegado el momento, realizará sin obstáculo un atentado como el de ayer en Londres. Aunque no logre entrar en edificios especialmente protegidos.
La policía ya ha revelado la identidad
del terrorista, se trata de Kalid Masood, de 52 años de edad, nacido en Kent y
con antecedentes penales por posesión de armas y comportamiento violento. Si el
potencial terrorista tiene antecedentes policiales, sean o no graves, unido a
sus orígenes, creencias religiosas, frecuencia de asistencia a las mezquitas,
amistades y otros indicadores, recomienden la necesidad de un seguimiento y vigilancia.
Las derrotas militares de DAESH en Irak
y Siria, potenciarán los atentados en Europa, siguiendo las órdenes que les
llegan de los máximos dirigentes del yihadismo
A raíz de atentados como el ayer en Londres,
sale a relucir el trabajo de los Servicios de Inteligencia, para bien o para
mal, según el caso. Han saltado a los medios a raíz de los atentados Yihadistas
en Europa, generalmente para poner en evidencia la falta de preparación y experiencia de servicios como los belgas,
franceses y alemanes, que no tuvieron en el reciente pasado, la triste
experiencia de un terrorismo autóctono.
No tienen más remedio que ponerse al
día si quieren ser eficaces y una de las cuestiones a mejorar es el intercambio de información, aunque se trate de
nacionales de su país (incluidas las segundas y terceras generaciones de
inmigrantes de países musulmanes) que parece que todos los servicios tienen un
cierto pudor en facilitar.
Una de las obligaciones de un Servicio
de Inteligencia, cuando pasa a sus “clientes” la información, elaborada a base
de muchas y diversas fuentes, es la de calificar
tanto a la información como la fuente, y cuando tanto una como la otra son
incuestionables, con la certeza absoluta de lo que se informa, debe ser
compartido con otros servicios. Eso lo superamos, afortunadamente, en
España hace muchos años con la cuestión de ETA, tanto Guardia Civil como
Policía Nacional y CNI establecieron canales de información rápidos y eficaces,
e incluso un mando único.
No hace mucho preguntaba a un antiguo
compañero por lo que yo creía incipiente
Servicio de Inteligencia Europeo y el desencanto fue mayúsculo, no se ha dado ni un paso adelante (“hay
muchas reticencias en pasar información”, me decía, justo lo que pasaba antes
en España, añado), como lo que está pasando con el Ejército Europeo, que en los diez años desde su fundación no ha
tenido ni una sola intervención. Según voces autorizadas de Bruselas: “A
pesar de los avances hechos en política europea de defensa y seguridad, sigue sin existir un ejército puramente
europeo. Esto es, una fuerza militar apoyada y financiada por los Estados
miembros de la Unión Europea, y que actuaría directamente bajo las directrices
de la UE”.
El mundo desarrollado
llevaba un claro rumbo hacia la globalización, la
caída de fronteras, las uniones aduaneras y comerciales, asociaciones
trasnacionales de todo tipo, que
parecían prosperar casi sin oposición. Un Ejército Europeo, un Servicio de Inteligencia y una Policía Europeos,
¿por qué no? Si todo son ventajas, hasta de costes.
Si
a toda acción se opone una reacción, la
llegada de Donald Trump a la Presidencia norteamericana, la subida de Marie Le
Pen en Francia, la Alternativa para Alemania, el Partido por la Independencia
del Reino Unido (UKIP), promotora del Brexit, el Partido de la Libertad en
Austria, o populismos de izquierda como el gobierno de Syriza que obtuvo un apoyo del 45 % en las últimas elecciones, podemos interpretarlo como la reacción de
unos nacionalismos trasnochados y propios de otros tiempos que no terminaron
nada bien.
Si
la globalización llevaba un camino
definido y firme, con dificultades, pero con una clara voluntad de
progresar, movida por el “capital” que es quien, en definitiva, gobierna
al mundo, la aparición de los populismos,
que no son más que la derivada de aquellas manifestaciones populistas como el
15 M en España, ha conseguido frenarla.
Trump quiere “modificar” la OTAN, quiere
que los europeos subamos considerablemente los gastos de defensa y dice que
“ya está bien de poner ellos solos (los
norteamericanos) los muertos”. Ha roto el Tratado de Libre Comercio del
Pacífico y veremos qué pasa con su apoyo al Brexit británico o las especiales
relaciones con Rusia y las consecuencias para el “escudo antimisiles” en
Europa, que supone un gasto de 59.000 M$.
A
todo esto, los europeos no debemos, ni
un instante, olvidar la amenaza terrorista que padecemos y que se puede
incrementar con las derrotas del DAESH en Irak y Siria y, a pesar de las
dificultades, opiniones en contra y
reticencias de gobiernos, si
queremos ser eficaces en la prevención y lucha contra el terrorismo, se hace
imprescindible un “mando único contraterrorista”, como se hizo en España,
una globalización de la Inteligencia
y la potenciación de la colaboración entre las policías de los países que más
directamente sufrimos la amenaza.

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