Publicado en "El Debate de hoy" el miércoles 19 de Julio de 2017
El 18 de noviembre de 2016, escribí una esperanzadora crónica
titulada “El lado positivo de Trump” donde optimistamente decía: “Como todo no podía ser tan malo, algo bueno,
desde mi punto de vista, traerá la llegada de Trump a la Casa Blanca: Su buen entendimiento con Vladimir Putin puede tener, si no se estropea,
dos efectos importantes, uno, la distensión de una amenazante vuelta a la
guerra fría y dos, la acción conjunta contra el DAESH”.
No era la primar vez que nos
referíamos a la necesidad de una acción conjunta de las dos grandes potencias
para acabar, o paliar de forma significativa, la sangría de esa cruel guerra
del DAESH contra el mundo, cuya parte más trágica ocurre en las zonas ocupadas
de Siria e Irak.
Palmira (Siria), a finales de
marzo pasado, fue una primera muestra de la efectividad del ejército regular de
una gran potencia cuando la política toma decisiones correctas y contundentes. Ejército
ruso que no solo ayudó de forma definitiva al ejército sirio, sino que, ya que
estaba, realizó, con gran éxito, pruebas de su más moderno armamento en un
escenario de guerra real. Miles de familias regresaron a Palmira, se hizo una
eficaz limpieza de minas, sembradas por los yihadistas en su huida, y se
montaron hospitales de campaña, tan necesarios para la población civil
masacrada por los bombardeos.
Superadas las diferencias, al
menos momentáneamente, sobre el apoyo occidental a las milicias rebeldes sirias
y el que recibe el ejército regular sirio de Al-Assad, por parte rusa, el
acuerdo entre Trump y Putin ha conseguido recuperar uno de los bastiones más
importantes del DAESH, Mosul, ciudad situada al norte de Irak, cerca de la
frontera turca.
Fruto del entendimiento entre los
dos líderes político es también el “alto el fuego” respetado por el ejército
sirio y las milicias rebeldes, en el suroeste sirio, próximo a la frontera con
Jordania, que ha permitido el regreso de muchos de los 700.000 refugiados
sirios en Jordania y el establecimiento de pasillos seguros para la llegada de
la ayuda humanitaria.
Los “asesores militares”
norteamericanos están en la ciudad siria de Raqqa, último gran bastión yihadista,
y será, sin duda, la próxima derrota importante (todas lo son) del DAESH, que
ve reducidas sus zonas de ocupación en Siria e Irak, de forma significativa,
aunque en su huida, los terroristas dejan muestras de su crueldad sin límites, con
ejecuciones masivas.
Pero ¿qué significa todo esto?
¿Dónde están los problemas que impedían el entendimiento, y que parecen haber
desaparecido? ¿Dónde los intereses económicos y de influencia de occidente y
Rusia en la zona? ¿Dónde los distintos proyectos de gaseoductos paralizados por
la guerra? ¿Donde el conflicto kurdo? ¿Dónde la situación política turca tras
el autogolpe de Erdogan? ¿Dónde la controvertida figura de Al-Assad?
Todo eso volverá, todo eso creará
de nuevo inestabilidad en la zona, ya de por si instable. Hay conflictos
permanentes como las reivindicaciones territoriales kurdas, la disputa por la explotación
de los grandes yacimientos de gas y petróleo, los ya mencionados proyectos de
gaseoductos para llevar el gas a occidente, la figura de Al-Assad, denostada
por occidente ahora, cuando siempre fue un fiel aliado, la propia estabilidad
interna de Turquía…problemas no faltan en la zona, pero como imaginábamos, el entendimiento
de Putin y Trump para combatir al terrorismo yihadista está dando sus frutos,
lo demás queda aparcado, aparcado que no resuelto.
Este entendimiento, aunque fuera
puntual y momentáneo, ha mejorado la situación en la zona y ha salvado muchas vidas
inocentes. Muchos refugiados, como ocurrió en Palmira, podrán regresar a sus
hogares, aunque solo queden de ellos unas irreconocibles ruinas, podrán recibir
asistencia médica (ya la están recibiendo, aunque en condiciones muy precarias)
y ayuda humanitaria de las ONG`s que trabajan en la zona.
¿Y el DAESH?, ¿cuál puede ser el
futuro de esos fanáticos, consumada su derrota en Siria e Irak? Sin duda, y
mientras sigan contando con recursos económicos, mientras no se les corten
totalmente las vías de suministro de armamento, mientras sus “clientes” no
dejen de cómprales petróleo, drogas, mujeres y órganos humanos, buscarán nuevos
enclaves donde hacerse fuertes, muy probablemente en el norte de Libia, la zona
costera donde ya dominan algunos territorios y tienen un centro de operaciones
e instrucción desde el que planifican atentados en occidente como el de
Manchester.
¿Y la Unión Europea, principal
objetivo de los últimos atentados yihadistas en países occidentales, que papel
pinta en todo esto? Pues para Europa, el titánico esfuerzo en inteligencia y
fuerzas de seguridad para evitar atentados y la difícil solución del problema
de los millones de refugiados que llegan a sus fronteras, parecen agotar sus recursos.
La implicación directa en el conflicto armado ha sido muy limitada y no tiene
visos de cambiar. Las exigencias de Trump para que Europa se autofinancie en
cuestiones de defensa, no parecen contar para este conflicto. EEUU y Rusia con
su decidido apoyo a los ejércitos regulares de Siria e Irak, se bastan por si
solas.
El boicot de los países del golfo,
otrora suministradores de armas occidentales al DAESH, a Qatar, por continuar
con esta actividad, puede ser un factor coadyuvante a la solución de esta
guerra, y quizás al debilitamiento definitivo del DAESH. La desproporción en
hombres y armamento entre el DAESH y los ejércitos sirio e iraquí, jamás
hubiera permitido a los terroristas ocupar tan amplias zonas, solo las ayudas
recibidas de esos países han permitido su marcha triunfal. Marcha que, por el
momento toca a su fin en Siria e Irak. Ojalá lo sea de forma definitiva.

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