Publicado en El Debate de Hoy el domingo 1 de Octubre de 2017
Jaime
Rocha – Marino
y ex agente del CNI
No se habla mucho de segunda Transición, solo de reformas de la
Constitución para dar gusto a los nacionalistas.
“Me acordaba de España,
de cómo supieron pasar (dejar detrás) el
periodo de la dictadura. No les molestan las estatuas de Franco o de la
Falange quizás porque en caso de peligro la mayoría de la gente sabría cómo
portarse. Para los españoles el elemento
unificador es más bien la conciencia de lo actual y lo futuro y no el odio
hacia lo que hubo.
Se han dado cuenta de que
la mayor parte de ellos eran parte del pasado, sea en el papel de los asiduos
(sic), sea el de los leales, o el de los oprimidos y miedosos”.
Quien así hablaba era el entonces Ministro de Defensa checoslovaco, Miroslav
Vacek, en un artículo que tituló “¿Por qué
callar…?”
tras la visita oficial de nuestro Ministro de Defensa “el señor Narciso
Serra”
a Praga.
No fue la única visita de políticos
españoles a Praga tras la caída del régimen comunista, pero recuerdo
especialmente una de Alfonso Guerra y el
General Gutierrez Mellado que acompañaban con su discursos una exposición
sobre la “Transición Española” que causo admiración y envidia en el pueblo
checo y sus políticos por lo pacífica y ordenadamente que se había
producido un cambio histórico de ese calado en España.
El Ministro Vacek devolvió la visita al
Ministro Serra del 8 al 11 de Octubre de ese mismo año de 1990. Tuvo ocasión de hablar con SM El Rey Juan
Carlos, en un encuentro que tenía prevista una duración de 10 minutos y se
prolongó por espacio de una hora, en la que nuestro Rey causó una inmejorable impresión a aquel político y militar
checoslovaco, que había pertenecido al Comité Central del Partido
Comunista, general del Ejercito Checoslovaco integrado en el Pacto de Varsovia,
donde desempeñó puestos de la máxima responsabilidad.
Hice el viaje de vuelta en el avión del
Ministro de Defensa, Narcis Serra, y estuvimos hablando largo tiempo comentando
estas y otras cosas. Rescato de mi archivo personal esta “joya” (para mí, que
lo viví en primera línea, lo es) y no me
resisto a reproducir algunas de las frases del ministro checo:
“España fue una lección para mí, no solo en la manera de entender los asuntos
militares sino también en cuestiones del arte de llegar a ponerse de acuerdo
las fuerzas políticas respecto al pasado”.
“Cuanta sabiduría, pero también cuanta abnegación para que al final
pueda vencer lo único que conduce hacia el éxito: la razón”.
Podría seguir citando frases, pero
sería redundante. Me interesa más hacerles ver de qué forma tan absurda,
egoísta y miserable, España, los
españoles todos y nuestros políticos a la cabeza, hemos sido capaces de tirar
por la borda tanta inteligencia, tanta buena voluntad, tanto trabajo y esfuerzo
de una inmensa mayoría de españoles de bien, de todos los partidos
políticos, de las Fuerzas Armadas, y especialmente de la sociedad que refrendó
masivamente con su voto las reformas políticas.
No
fue fácil, aunque desde fuera pudiera parecerlo, hubo mucho que negociar,
mucho que debatir, mucho que ceder por
todas las partes. Las derechas, los socialistas, comunistas y nacionalistas
entendieron la trascendencia del momento y que la única salida pacífica era el acuerdo, una nueva Constitución,
unos Pactos de la Moncloa, un referéndum, lo necesario para asegurar una España
en paz y progreso.
Casi
lo conseguimos, mientras nuestros
políticos tenían el nivel de formación y sentido de estado que les capacitaba
para dirigir al país, pero “no hay bien que cien años dure” (diremos en
este caso) y llegó la “casta” política,
los políticos profesionales que toda su vida han estado viviendo de los
contribuyentes, muchos de ellos sin dar un palo al agua, solo haciendo la
pelota a sus jefes para ir en las listas electorales.
Con estos mimbres ¿Quién hace un buen
cesto? La consecuencia inmediata: la
aparición del populismo de izquierdas (no me extrañaría que le hagan compañía
pronto los de derechas, cada vez más fuertes en Europa, se parecen como dos
gotas de agua), los nacionalistas
tirados al monte, los socialistas
divididos y perdiendo electores por millones y la derecha, los únicos con
posibilidades de gobierno, con mayoría absoluta o con pactos, nadie les
hace sombra, parecen, a pesar de los casos de corrupción, los únicos que
cuentan con respaldo suficiente.
No se habla mucho de una “segunda transición”, solo de reformas de la Constitución del 78 con
objeto, entre otras cosas verdaderamente necesarias, de darles gusto a los independentistas con la posibilidad de organizar
un referéndum pero solo en su propio territorio, cediendo al órdago catalán.
Los
acontecimientos en Cataluña están a punto de dar al traste con cuarenta años de
paz, progreso y democracia, de tirar por la borda todo lo conseguido con
tanto esfuerzo. Aun no es tarde, aun no
se ha producido la victima que los agitadores callejeros profesionales
(Gamonal, 15M ) buscan con ahínco para ser portada de la prensa
internacional, para acusar al Gobierno, para justificar su propia violencia,
para acabar con el Estado.
No
se puede ser optimista visto lo que tenemos, pero tampoco pasivos. Ojalá
volvamos a ser capaces, la mayoría silenciosa de españoles, de dejar el
silencio para mejor ocasión y dar uno, o los pasos adelante que sean
necesarios. Si no, que Dios nos lo demande.

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